Colegio Santa Ana [Monzón]

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CUENTOS GANADORES DEL CONCURSO NAVIDEÑO DE LA AMPA

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“Estrella de los deseos”

Hace muchos años, en una pequeña ciudad, vivía una familia muy humilde. Que como otras muchas estaban esperando que llegará ese día tan especial, 24 de Diciembre, Navidad.

La gente del pueblo empezaba a adornar sus casas, con muchas luces de colores. Pero esa misma noche, una niña llamada Paola se asomó por la ventana y vio una gran estrella que brillaba más que las demás. Paola, al mirarla, notó una sensación de paz y tranquilidad. Quiso ponerle un nombre y decidió llamarla Lucero.

Al verla, pensó que le podría pedir algunos de los deseos que le gustarían que sucedieran, ya que estaba muy triste por lo que sucedía en el mundo. Solo oía hablar de guerras, violencia, gente sin trabajo y niños que se quedaban sin padres.

Paola se acostó pensando, y al día siguiente decidió pedirle a Lucero algunos deseos. Así que cuando anocheció se asomó a la ventana para hablar con ella. Empezó por contarle que su padre Diego tenía problemas en el trabajo. También le dijo que por ese motivo su madre Lorena estaba muy triste y ya no le apetecía jugar con su hija pequeña Lucía. Le comentó que no tenían mucho dinero y que estaban pasando una mala temporada.

Cuando Paola llevaba un buen rato hablando con Lucero, se dio cuenta de que solo pedía cosas para ella y su familia. Y le dijo a Lucero que le perdonara, que había sido muy egoísta por solo pedir cosas en beneficio de ella.

Le dijo, que lo que de verdad quería, es que ya no hubiera más guerras, que nadie pasara hambre y que de esta manera el mundo se vuelva más bonito y habitable.

Aroa Alfonso 6ºB

 

“Una visita de Navidad”

Hace pocos años, en un pequeño pueblecito, había un niño llamado Miguel. Era de estatura media pelo negro como el carbón y unos preciosos ojos azules. Ese niño no sabía valorar lo que tenía.

Y así lo cuenta esta historia:

Cada Navidad la familia se reunía en torno a la hoguera, cantaban villancicos y comían turrón. Después el abuelo les contaba un cuento. A Miguel esto le daba igual y, en vez de estar con la familia, se iba a jugar a la consola, porque pensaba que los cuentos del abuelo eran cosas de niños pequeños.

Pero el día antes de Nochebuena, el abuelo Alfonso se murió y desde aquel día Miguel empezó a valorar las cosas. Lloró tanto y se puso tan triste que se prometió no volver a celebrar la Navidad.

Aquella noche una luz brillante apareció en el salón. De repente, Miguel dio un salto y se levantó de la cama, bajó silenciosamente al salón y vio a Alfonso. Miguel se acercó a él y le preguntó:

-¿Quién eres tú?, ¿A qué vienes?

El abuelo le contestó:

-Esta noche vengo a contarte un cuento especial.

El niño le reconoció, le cogió la mano y salieron a la calle. Primero se dirigieron a un orfanato, vieron a muchos niños tristes sin padres ni a nadie a quién dar su amor.

Después se asomaron a la casa de gente maltratada y observaron como una señora alta y robusta insultaba a una niña, le pegaba, le amenazaba y muchas cosas más.

Seguidamente fueron a ver a una familia pobre. Se pasaban el día pidiendo limosna y buscaban la comida en las basuras y contenedores. Incluso dormían en cajas de cartón en plena calle.

Y así se pasaron la noche, viendo, como, incluso sin irse a lugares muy lejanos, hay personas que lo pasan mal.

Una vez en casa, Miguel le dio un abrazo al abuelo y le dijo:

-Te quiero mucho, yayo.

Cuando se despertó, a la mañana siguiente  se encontró un regalo, con una nota que ponía:

-Para mi querido nieto.

Lo abrió y dentro estaba el libro de cuentos del abuelo y una foto en la que aparecían los dos juntos.

Javier Diaz 5ºB

 

“Juan y la Navidad”

Érase una vez en Navidad, en el año 1986, en un  pueblo pequeño y con calles estrechas. Un niño llamado Juan estaba en su casa mirando tras la ventana y dijo:

-Ojalá tuviera amigos para jugar y una casa caliente y bonita.

Juan era un niño con pocos amigos y pobre. Todos los días se levantaba pronto para ir al colegio, se vestía, desayunaba una tacita pequeña de leche, con dos galletas y después salía de su casa y se iba al colegio con su perro Tobi. Juan vivía en la calle Juárez. Era la calle más peligrosa y callejera de todo el pueblo. Cuando salía de su casa, iba corriendo al colegio asustado. Antes de llegar, pedía en la plaza una limosna a la gente para que pudiera almorzar. Cuando tenía alguna limosna iba rápido a la escuela para no llegar tarde. Al llegar al colegio dejaba a su perro Tobi fuera en el jardín y después entraba rápido para que no le castigaran. Cuando llegó a su clase, la profesora Amanda le castigó en el recreo haciendo matemáticas por llegar tarde.

Juan, en el recreo, miraba por la ventana a todos sus compañeros jugando y almorzando un buen bocadillo, mientras que él estaba en su clase haciendo matemáticas y comiendo un trocito de pan con aceite. Cuando salió del colegio, Lorenzo, que era un compañero suyo, le insultó y le quitó su comida. Juan le dijo:

- Por favor Lorenzo, dame mi comida, no me insultes.

Lorenzo no le hizo caso y se llevó la poca comida de Juan. Se puso muy triste porque ya no le quedaba comida. Después recogió a su perro Tobi del jardín y se marcharon a su casa.

Todos los días, cuando volvía del colegio, antes de llegar a su casa iba a la del carbonero para calentarse un poco las manos en el fuego. Más tarde regresaba a su hogar para comer un platito de sopa y después, era tradición irse a dormir porque al día siguiente era Navidad.

Juan estaba triste porque su padre se tenía que ir un mes a otro país de mercader. Ese día, Juan pensaba:

-Ojalá mi padre y mi madre pudieran estar aquí conmigo para celebrar la Navidad.

Después de decir esto Juan, como siempre, desayunaba una tacita pequeña de leche con dos galletas y cuando acababa se iba con su perro Tobi al colegio.

Cuando estaba en la plaza, pidió una limosna a una señora, a ésta le dio mucha pena Juan y le dijo:

- Hijo mío ¿no tienes padres?

Juan le dijo:

-Sí señora, tengo un padre pero se ha tenido que ir un mes a otro país de mercader.

La señora le dijo:

-¿Cómo te llamas?

-Me llamo Juan.

-Si quieres, Juan, mientras tu padre está fuera puedes quedarte conmigo. Así podrás celebrar la Navidad y tener una casita caliente.

-Será un placer señora.

Juan pudo disfrutar del verdadero espíritu de la Navidad, junto a esa familia y desde entonces nunca más tuvo que separarse de su padre. A partir de entonces Juan y su padre formaban parte de esa gran familia y el sueño de Juan se hizo realidad.

María Betorz 5ºA

 

“Un sueño”

Era un 24 de Diciembre , en un viejo pueblo llamado Vilger. Allí vivía Isabella. Una niña de 12 años de pelo castaño y ojos verdes como esmeraldas. En el colegio siempre la marginaban, sus padres no tenían tiempo para escuchar sus problemas . Ella soñaba todas las noches que algún día las cosas cambiarían. Sería como los demás niños y sus padres la escucharían siempre . Isabella, esa noche se durmió sollozando como todas las demás.

De repente, oyó un ruido y lentamente despegó la cabeza de la almohada. Al girarla su cuarto no estaba, en su lugar había un millón de árboles cubiertos por un manto de nieve que la rodeaban. De pronto, un destello la despertó de su asombro. Sin saber por qué empezó a seguirlo. Una fuerza mayor que ella la arrastraba hacía el destello. Ella no podía mirar donde pisaba, su mirada se había perdido en el destello y sin saberlo empezó a flotar en el aire, como un pétalo que lleva el viento.

El destello la guió hasta un viejo pesebre , ella descendió al suelo y cuando sus pies rozaron el manto de nieve helada, despertó su mirada. Hacía mucho frío y no pudo resistir la tentación de entrar en aquel pesebre. Dentro encontró a una señora , un señor y un recién nacido .

Isabella los conocía bien. Ellos eran María, José y Jesús. El niño al verla, le tendió en la mano un collar revestido de cristal que contenía un tenue polvo dorado. María dijo: “Querida Isabella, te hemos elegido a ti para que repartas el polvo Navideño. Con un poco basta para que las gentes se den cuenta del verdadero sentido de la Navidad”.

Una voz llamaba a Isabella tras su espalda: ¡Isabella, Isabella despierta!. Era su madre, ella se despidió con una cálida sonrisa traspasó una luz y desapareció. Rápidamente despegó la cabeza de la almohada. Todo había sido un sueño. Pero, le llamó la atención que en su mano llevaba un collar revestido de cristal que contenía un tenue polvo dorado. Isabella saltó de alegría, y se dispuso a repartir el polvo. Curiosamente, todos se mostraron más amables, más amistosos, más alegres, más pacientes....más comprensivos, más felices....

El polvo había funcionado. Porque , ¿Quién dijo que los sueños no se cumplen?-Estaba equivocado.

Ariana Ortas 6ºA

 

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