EXCURSIÓN AL BARRANCO BASENDER
El barranco está situado en Lecina (Huesca), en el Parque Natural de las Sierras y Cañones de Guara. Pasado el pueblo de Colungo, llegamos al Puente de las Gargantas donde confluyen tres barrancos: El Fornocal, Las Palomeras del Fornocal y el Barranco de las Gargantas. Continuando llegamos al Collado de San Capracio y después de muchas curvas llegamos al aparcamiento.

El tiempo de descenso es de una hora y media más o menos, según los expertos, a nosotros nos costó un poquito más, pero batimos el récord de las excursiones de años anteriores.
Aparcamos los vehículos y sin perder tiempo, equipados de casco, arnés, mosquetones y cuerdas, bajamos al Cañón del Río Vero. Por un camino en el que hicimos un descanso para ver hacia un lado, el verde tan bonito de la vegetación, y hacia el otro, las montañas que Ricardo Arnaiz nos recordó: Las tres Marías, Aneto, Collado Coronas, Maladetas, y otras más. Seguimos el camino, saltamos por un pequeño puente de hormigón y empezamos a seguir el cauce seco. El desgaste de la roca caliza empezaba a notarse y se podía ver la escasa vegetación que había. Yo, personalmente, pensaba que íbamos a encontrar más vegetación en el cauce, pero es un barranco seco y no hay que nadar.
Formamos tres grupos de unas ocho personas cada uno. El último éramos los padres, los menos preparados físicamente, pero superamos la prueba todos, con gran satisfacción y con ganas de repetir, incluidos padres y niños.
Entre un rapel y otro, había fotos, risas, y preguntas a Ricardo Arnaiz que con mucha amabilidad nos contestaba a todas las que se nos ocurrían y alguna que él creía interesante. Nos dijo que la edad de empezar a hacer barranco más o menos es de ocho a nueve años pero depende mucho del físico y la valentía de cada niño. Lo que sí nos quedó claro fue que cualquier familia puede hacerlo, en concreto este barranco, pero siempre con ayuda y la experiencia de un guía o de personas que ya lo hayan hecho tanto con buen tiempo, como con mal tiempo, es decir con experiencia.
A la vuelta nos dimos un remojón cruzando el río Vero para llegar al inicio de la excursión. Los niños más valientes lo cruzaron nadando, eso sí, controlados por la expedición de profesionales y padres. Los mayores fuimos más prudentes y bordeamos el río todo lo que pudimos, pero al final tuvimos que cruzar el río y mojarnos.
Llegamos a los coches y repusimos fuerzas con un bocadillo y un trozo de trenza que Marioli nos daba como premio al esfuerzo.
Ha sido una experiencia que no olvidaremos y que gracias a Fernando Roy del colegio Santa Ana, con el apoyo de gente generosa como Ricardo Arnaiz y Miguel Ángel García (nuestros guías) lo hemos podido realizar con mucho éxito y satisfacción.
Animo a todos los niños de sexto del curso 2010-2011 y a sus padres, que si tienen oportunidad que lo prueben, que les gustará. Nosotros pasamos una tarde muy agradable.
Gracias a todos y feliz verano.
Tere Arribas.




















